Oración y ayuno: Día 20. Cuando todavía hay áreas por rendir

Cuando todavía hay áreas por rendir

«Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.»

2 Reyes 5:11


¿Te has preguntado alguna vez si hay situaciones o áreas de tu vida que prefieres dejar apartadas porque te da temor abrirlas o volver a tocarlas? En ocasiones aprendemos a convivir con aquello que nos duele, pero por más que intentemos cubrirlo, hay heridas que siguen recordándonos que todavía hay algo que Dios quiere sanar y transformar en nosotros.


Naamán era un hombre importante: jefe del ejército sirio, tenía reconocimiento, autoridad y una buena reputación. Desde fuera, parecía tenerlo todo. Sin embargo, debajo de su uniforme había una realidad que no podía ocultar: estaba enfermo de lepra. Pero su problema no estaba solamente en su piel. Dios también quería tratar con aquello que había en su corazón. Naamán llegó buscando un milagro, pero Dios quería enseñarle algo más profundo: que para experimentar una verdadera transformación necesitamos rendirnos completamente a Él.


Naamán esperaba que Dios actuara de una manera concreta. Pensaba que Eliseo saldría, oraría por él y realizaría un milagro extraordinario. Pero cuando recibió una instrucción sencilla, «lavarse en el Jordán», se enfadó. Aquello no era lo que esperaba y, en cierto sentido, sentía que tenía que «rebajarse» para obedecer. A veces nosotros podemos hacer lo mismo. Venimos delante de Dios queriendo que cambie determinadas circunstancias, pero Él también quiere trabajar en nosotros.


Quizás hay áreas de nuestra vida que todavía no hemos rendido al Señor: nuestro carácter impulsivo, la manera en que hablamos, cómo tratamos a nuestra familia, nuestro orgullo, nuestra necesidad de tener siempre la razón, nuestra forma de reaccionar cuando las cosas no salen como queremos o incluso heridas que seguimos intentando esconder. Podemos tener una buena apariencia delante de los demás, servir a Dios, tener responsabilidades y ser reconocidos, pero todavía puede haber áreas que necesitan ser entregadas. La rendición comienza cuando somos capaces de reconocer lo que hay en nosotros y dejamos de justificarlo. Dios no quiere solamente mejorar nuestra conducta; quiere formar a Cristo en nosotros.


Hoy pregúntate con sinceridad: ¿Qué área de mi vida todavía me cuesta rendirle al Señor? No se trata solamente de reconocerla, sino de entregársela. Quizás Dios te está pidiendo obedecer en algo sencillo, pedir perdón, cambiar una manera de reaccionar, dejar tu orgullo o confiar en Él en un área que todavía quieres controlar. Quizás llevas años en el evangelio y sigues con una actitud pasivo-agresiva que causa daño a tu alrededor y, sin darte cuenta, tú te estás llenando de lepra. La verdadera transformación comienza cuando dejamos de decir «yo sé cómo debe hacerse» y empezamos a decir: «Señor, haz en mí lo que Tú quieras hacer».

No importa cuánto tiempo llevemos caminando con Dios, siempre habrá áreas en las que Él quiera seguir formando su imagen en nosotros. Rendirnos no es perder, es permitir que Dios haga en nosotros lo que nosotros solos no podemos hacer.


Oración: Señor, hoy queremos reconocer que todavía existen áreas de nuestra vida que necesitamos rendirte. Muéstranos aquello que hemos escondido, justificado o intentado controlar. Danos humildad para obedecerte incluso cuando no entendamos tus procesos. Quita de nosotros todo orgullo y forma tu imagen en nosotros, haciéndonos cada día más semejantes a ti. Amén.


Autor: Génesis Charrié