Oración y ayuno: Día 8. La voz del Espíritu

La voz del Espíritu

 

«Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llama Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron». Hechos 13:1-3.

 

Estudios pediátricos aseguran que el oído es uno de los sentidos más desarrollados en un bebé, incluso antes de nacer. Desde muy pronto en el embarazo, percibe muchos sonidos, algunos provienen del cuerpo de la madre como el latir del corazón, la respiración o su voz…éste es su sonido favorito: la voz de sus padres.

 

Al llegar a este mundo, esa voz que escuchó mientras estaba dentro, se convierte en un canal de calma, le da seguridad ante un mundo desconocido, le brinda cercanía con la madre, estabiliza su respiración, su frecuencia cardiaca y su estado emocional, y sobretodo le hace sentirse protegido y querido.

 

En el texto de hoy, las Escrituras nos muestran a la Iglesia en Antioquía, donde muchos griegos se convirtieron al Señor, y cómo llegó a ser la iglesia madre del movimiento misionero a los gentiles, o sea nosotros. Una iglesia bien equipada con «profetas y maestros».

 

El Espíritu Santo nos llama la atención sobre varias cosas por mano de Lucas: 

 

En primer lugar, una de las principales ocupaciones de éstos líderes era «ministrar al Señor». Estos profetas y maestros estaban reunidos  impulsados por la necesidad que tenían de ministrar ellos a su Salvador, no tanto de buscar ser ministrados por Él, y lo hacían a través de oración, adoración, ayuno. Y no sólo ellos, pues a lo largo de todo el libro de Hechos vemos que la oración era una práctica diaria de toda la iglesia.

 

En segundo lugar, fue en ese ambiente de exaltar y ministrar la persona del Señor Jesús, que el Espíritu Santo habló, y lo hizo porque es una persona, porque desea hablar y comunicar los planes y pensamientos de Dios para su iglesia en la tierra.

 

En tercer lugar, los allí reunidos fueron sensibles y oyeron la voz del Espíritu, ellos no decidieron a quién iban a enviar para predicar a los gentiles, sino que fue la elección del Espíritu, ellos oyeron y obedecieron, aceptando el diseño de Dios para esa misión.

 

Así como los bebés comienzan a reconocer la voz materna en el interior del vientre, reconozcamos también nosotros la voz de nuestro Padre, quién nos está llamando a ocuparnos en ministrar al Señor en oración y ayuno, necesarios para oír su voz y revelarnos sus planes y propósitos con nuestras vidas  aquí en la tierra, como individuos, como familias y como iglesia. Él desea revelarnos qué propósito tiene con nuestras vidas y capacitarnos para cumplirlo aquí en la tierra.

 

Oración: Padre te doy gracias por haberme salvado, sé que tienes propósitos con mi vida y quiero que se cumplan. Te ruego que me des las fuerzas para apartarme diariamente a ministrarte y oír tu voz, obedecerla y que seas glorificado a través de mi vida en mi generación aquí en la tierra. Amén. 

 

Autor: Carmen Sojo