Oración y ayuno: Día 9. Como Jesús

Como Jesús


«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es fácil y ligera mi carga».

Mateo 11:28-30.


Todos en alguna etapa de nuestra vida hemos admirado tanto a alguien que hemos querido ser como él. Y entonces, nuestra manera de hablar, de vestir e incluso hábitos diarios son modificados (a veces inconscientemente) asemejándose cada vez más a aquello que le prestamos admiración y atención.

Precisamente ese es el punto en la vida cristiana ¡ser como Jesús!


En este pasaje, Jesús invitó a sus seguidores, pero también te invita a ti y a mí, a ser como él. Encontramos una promesa adherida a una acción. Y la promesa es que nuestra alma hallará descanso. La acción es aprender de él. ¿Quién no anhela descanso para su alma? Si somos honestos, podremos confesar que, nos encontramos más veces «trabajados y cargados» que en un descanso y reposo continuo. Precisamente porque vivimos en una sociedad que nos empuja constantemente a la velocidad, a la búsqueda de la aprobación, de la acumulación de bienes y a un consumismo sin fin.

De ahí que la invitación de Jesús sea intercambiar tus cargas con la suya. ¿Estás cargado por el peso del pecado? Entrégale tu carga, y él te entregará su yugo. ¿Te encuentras en una preocupación constante por aquello que te falta o que has perdido? Entrégale tu carga, y él te entregará su yugo. El yugo de Cristo no pesa. Es ligero. Y el yugo es dirección, visión y un camino a su lado, que te enseña, corrige y redirige hacia su propósito.


Los judíos ofrecían una bendición en forma de oración que decía: «que seas cubierto por el polvo de los pies de tu rabino». Esta bendición nos habla de un camino que sigue las pisadas de su maestro, donde el polvo de su caminar es impregnado en el cuerpo del seguidor. Porque está cerca, porque son inseparables. ¿Cómo se vería nuestra vida al ser impregnada por el polvo de las sandalias de Jesús? ¿Cómo sería nuestro día si fuésemos moldeados a ser como Jesús? ¿Qué dirían de nosotros en el trabajo o en la escuela e incluso en la Iglesia si cada día viviésemos como Jesús?

Ser como Jesús. Esa es la mayor aspiración y meta que debe obsesionarnos en la tierra hasta la eternidad. Y la pregunta es: ¿Cómo es Jesús? Este es uno de los únicos pasajes que Jesús se describe así mismo. Y la verdad, él podría haber escogido muchos y diversos atributos y haber dicho «aprended de mí que soy santo», o «aprended de mí que soy todopoderoso», o «aprended de mí que soy sabio». Sin embargo, Cristo quiere que experimentemos la transformación y el poder de un carácter manso y humilde que definen su corazón.


Mansedumbre es fuerza bajo control: es elegir amar cuando puedes ganar, es elegir perdonar cuando tienes oportunidad de venganza, es elegir restaurar cuando podrías humillar. Mientras que la humildad es el desplazamiento del «yo», la renuncia de uno mismo y de sus comodidades para que Dios tome el lugar protagónico. Ser como Jesús, manso y humilde de corazón es lo que nos conduce a una verdadera experiencia de descanso y libertad en él.


Oración: Cristo Jesús, crea en mí un corazón nuevo. Quiero ser cubierto por el polvo de tus pies y aprender de tu mansedumbre y tu corazón humilde. Arranca de mí la autosuficiencia y decido renunciar a aquello que me aleja de ti. Toma mi carga, recibo tu yugo. Amén.

 

Autor: Josué Zamora