A contraviento
«Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar». Marcos 6:48.
Durante unas vacaciones en una cala de Girona, mi hija y yo salimos en kayak para contemplar los acantilados y las cuevas de la costa. El mar estaba tranquilo y el viento soplaba a nuestro favor. Sin embargo, al regresar, el viento nos era contrario. Aunque remábamos con todas nuestras fuerzas, no conseguíamos avanzar. Entonces, un hombre que practicaba snorkel vio nuestra dificultad, ató una cuerda al kayak y nos remolcó hasta un lugar seguro.
Los discípulos también conocieron lo que significa avanzar a contraviento. Jesús los había enviado a la otra orilla. Tras una larga jornada alimentando a más de cinco mil personas, experimentaron el milagro después de la orden de Jesús: «Dadles vosotros de comer» (Marcos 6:37). ¿Imaginas el gozo y el asombro tras ver tremendo milagro?
Estaban allí por obediencia; subieron a la barca porque Jesús lo ordenó y se adentraron en el mar porque el Maestro les había pedido específicamente que se adelantaran para luego encontrarse con Él. Seguro que los discípulos, al subir a la barca, no sabían lo que les esperaba; de haberlo sabido, ¡no habrían subido! Así que, una vez iniciado el viaje, comentarían la experiencia sobrenatural que vivieron con Jesús ese día. Y, de repente, un silencio, una calma incómoda… Imagino a Pedro diciendo a los demás: «¡Se avecina una tormenta!». Y, efectivamente, a medida que pasaban las horas, los vientos eran más fuertes y atemorizantes. Tuvieron que remar con gran fatiga.
Esto nos enseña que encontrarnos con dificultades no significa necesariamente que estemos fuera de la voluntad de Dios. En ocasiones, el viento contrario aparece precisamente mientras obedecemos. ¿No has experimentado que, tras una bendición o después de comprometerte con Dios, viene una batalla y no comprendes por qué? «Hubiera sido mejor haberme quedado como estaba antes».
Al comenzar este mes de oración y ayuno, podemos sentir ilusión y determinación. Buscar al Señor y su voluntad es muy gratificante, alentador y visionario. Pero, con el paso de los días, pueden aparecer el cansancio, las distracciones, la rutina y las batallas imprevistas. Esa discusión repentina, ese coche que se avería cuando más lo necesitas, ese jefe o ese trabajo que se nos complica… Seguimos remando, pero lo hacemos con fatiga. Remamos por la necesidad de mantenernos a salvo, pero no para llegar al destino que Jesús prometió.
Sin embargo, Marcos nos ofrece una verdad esperanzadora: Jesús los vio. Aunque los discípulos no podían verlo, nunca estuvieron fuera de su mirada. En la cuarta vigilia, después de horas de esfuerzo, Jesús vino hacia ellos caminando sobre aquello que les impedía avanzar. El viento era contrario, pero Jesús no lo era. Él se acercaba a ellos.
Tal vez, durante este mes, llegue un momento en el que no sientas el mismo impulso del principio. Pero Jesús te está observando. No abandones la búsqueda. Rema, pero hazlo con esperanza, con dirección y con fe. Aparta cada día un tiempo concreto para estar con Dios, ora con sinceridad y permite que el ayuno despierte tu necesidad de Él.
Oración: Jesús, gracias por el privilegio de estar contigo. Servirte y caminar contigo es mi mayor deleite. Tú eres el capitán que guía mi vida; no importa cuán fuerte sea la tormenta. Ayúdame a permanecer fiel cuando aparezcan el cansancio y las distracciones. Déjame ver más allá de la tormenta y del desaliento; hazme ver con los ojos de la fe. Quiero conocerte más: conocer tu carácter compasivo y amoroso, tu visión de fe, tu tenacidad ante las dificultades y tu serenidad en medio del caos; aprender a depender de ti, confiar en ti y permitir que, mediante la oración y el ayuno, renueves mi vida y transformes mi corazón. Amén.
Autor: Andrés Mora