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Mi mejor verano: Día 10. El Regreso

El Regreso

«Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron: Tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!» Éxodo 32:1

 

La vuelta a casa después de las vacaciones nunca es fácil. Podremos echar de menos nuestra cama, nuestro armario, nuestra cocina y tantas otras cosas, pero ese tiempo de descanso tan necesario que hemos disfrutado, no se repetirá hasta el próximo año. Cuando estás de regreso en el coche, en el tren o en el avión piensas: «El lunes ya me toca regresar a la rutina, escuchar a mi jefe, atascos en el transporte, carreras de aquí para allá, etc.». Pensar en todo esto comienza a generarnos un deseo inevitable de prolongar nuestras vacaciones y quedarnos donde estamos. Sin embargo, hay que volver a la realidad. Se dice que «lo bueno dura poco». 

 

El versículo de hoy hace referencia a los 40 días en los que Moisés permaneció en el Monte Sinaí. Mientras que Moisés estaba hablando cara a cara con Dios, el pueblo comenzó a desesperarse al ver que no regresaba del Monte. En los versículos posteriores, la Biblia nos muestra cómo tuvieron la «brillante» idea de hacer un becerro de oro para adorarlo. El pueblo de Israel se desenfrenó y pecaron contra Dios. ¿Puedes imaginarte el cuadro? Por un lado, Dios dándole a Moisés sus mandamientos, y por otro lado el pueblo pecando y desobedeciendo a Dios. ¿Qué pensaría Moisés cuando bajó del Sinaí? Quizás diría: «si llego a saber esto, mejor me hubiera quedado en el Monte».

 

Hay momentos que no quisiéramos que terminasen, pero lamentablemente terminan, y nos toca enfrentar nuestra realidad. Muchas veces, nos encontramos bajando del Sinaí y cuando llegamos nos espera una «fiesta» de recibimiento. Dice la Biblia que Moisés se llenó de ira al ver cómo el pueblo había levantado un becerro de oro para adorar. Ese hecho entristeció a Moisés. Del mismo modo, nos pasa algo similar. Cuando bajamos y regresamos a la realidad tras un buen tiempo de refrigerio espiritual, nos espera un «regalito de bienvenida». Pero es lo que nos toca vivir, no podemos molestarnos, ni enfadarnos, ni permitir que eso robe la bendición que Dios nos ha dado. Lamentablemente, a veces permitimos que las batallas que nos esperan al bajar del Sinaí, nos ubiquen en el mismo punto de partida previo a subir. 

 

Si Dios te ha hablado en estos días, si has trabajado para intimar con Él en mayor profundidad, no permitas que nada te robe la paz. Asume tu rutina con gozo y paciencia. Permite que el Espíritu Santo llene tu corazón con sus frutos y disfruta de sus bendiciones. Cuando bajes de tu Sinaí, de ese lugar de intimidad con Dios, puedes estar seguro que una batalla te estará esperando, pero no ores para que esas batallas cesen, las batallas hay que pelearlas con fe y confianza en Dios. Por el contrario, pídele a Dios que te ayude a pelearla de su mano, así tendrás la victoria garantizada. Dispón tu corazón a todo lo que Él quiere hacer en y a través de ti, y haz de este verano, ¡el mejor verano de tu vida!

Oración: Señor, gracias por tu presencia en mi vida. Prometiste que siempre estarías conmigo hasta el fin. Te pido que, al regresar a la rutina, ninguna circunstancia detenga el proceso que has empezado en mí. Ayúdame a serte fiel y a ser constante en mi camino. Gracias por el descanso y por los días gloriosos que he disfrutado. Amén.

 

Autor: Pr. Samuel Escobar

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