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Mi mejor verano: Día 9. La Barbacoa

La Barbacoa

«Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios». Romanos 12:1

 

¿Qué sería de un verano sin una buena barbacoa? Si no dispones de una propia, estoy seguro que haces lo posible por estar presente allí donde se haga carne a la barbacoa. Hace años, cuando comencé a interesarme por cocinar en la parrilla, entendí que antes de aprender a cocinar carne y todo lo que conlleva, tenía que aprender el primer paso: encender el fuego. Nunca olvidaré la primera vez que realicé una barbacoa junto a un buen amigo en un camping, tardamos horas en encenderla. La parrilla era prácticamente nueva, bonita, teníamos carbón, mechero, etc. Pero no éramos capaces de encender el fuego. 

 

Ahora bien, imagina por un momento que tienes una buena barbacoa con todos los utensilios, con el fuego ya encendido en su punto y lista para cocinar, pero cuando llega el momento ¡sorpresa! No tienes carne. ¿De qué sirve una buena parrilla sin carne?

 

En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo habla de una «barbacoa» espiritual, de poner toda nuestra carne en la parrilla. ¿Qué sería un sacrificio sin ofrenda? En un sacrificio, siempre algo debe morir, de lo contrario, no es un sacrificio. Pablo les hablaba a los romanos acerca de ofrecer nuestros cuerpos como un sacrificio vivo ante Dios. Por lo general, no solemos prestar demasiada atención en un sentido práctico a todo aquello que tenga que ver con morir a nosotros mismos y sacrificarnos. Sin embargo, la vida cristiana trata de eso, de una entrega incondicional por amor. De la misma manera que Jesús se entregó y dio todo por nosotros por amor, lo mínimo que podemos hacer por Él es entregarle nuestra vida por completo. 

 

Fuimos creados para adorar, y cuando estamos rindiendo nuestras vidas a Él le estamos adorando. La adoración a Dios no se limita a un momento puntual de liturgia en la Iglesia, sino que es una constante devoción a Dios. Ahora bien ¿Qué puedo yo entregarle a Dios? ¿Qué puedo poner en esa «parrilla»? Por ejemplo, puedes entregarle tu tiempo para servirle. Seguro que puedes apartar un tiempo cada semana para servir a Dios. Algunos dicen: «es que no tengo tiempo», sin embargo, sí que tienen tiempo para sus propios intereses, pero claro, para Dios no. Hay una gran variedad de «carne» que debemos poner en nuestra barbacoa cada día. El Nuevo Pacto no requiere ningún animal para ser sacrificado, tan solo requiere nuestra propia vida al completo ante Dios en obediencia y amor. 

 

En ocasiones tenemos muy buenas intenciones y deseamos entregarle a Dios nuestras vidas, somos tocados por su Palabra y nuestro corazón está apasionado por algo más. Sin embargo, no hay nada dispuesto a sacrificar, no damos ese paso. Somos esa barbacoa lista y preparada, con los utensilios organizados y el fuego en su punto, pero no hay carne, y sin carne…no hay barbacoa.


Oración: Señor Jesús, ofrezco mi vida por completo a ti. Pongo todo lo que soy y lo que tengo a tu disposición para que tú hagas conmigo lo que quieras. Pongo mi vida en tu altar para que toda mi carnalidad sea consumida por el fuego de tu Espíritu Santo. Ayúdame a serte fiel y agradarte con todo lo que haga. Amén.

 

Autor: Pr. Samuel Escobar

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