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Mi mejor verano: Día 8. La Ruta

La Ruta

«Cuando vean el arca del pacto del SEÑOR su Dios, y a los sacerdotes levitas que la llevan, abandonen sus puestos y pónganse en marcha detrás de ella. Así sabrán por dónde ir, pues nunca antes han pasado por ese camino». Josué 3:3-4

 

Hoy en día disponemos de tecnología GPS que nos indica el camino para llegar a un destino. Sin embargo, hace unos pocos años, esto no era así. Recuerdo cómo mi padre antes de emprender un viaje revisaba siempre su mapa para asegurarse bien la ruta. A día de hoy, sigo sin entender cómo podía memorizar las carreteras que tenía que tomar sin equivocarse. Rara vez tenía que detenerse para comprobar que iba por el camino correcto. En la actualidad, el GPS nos indica si vamos bien o mal. Cuando vamos en una dirección equivocada, la voz del GPS nos repite continuamente: «gire cuando sea posible». Es una tranquilidad y descanso ir en una ruta sabiendo que vas en la dirección correcta ¿cierto? Sin embargo, cuando sabes que no vas bien, se genera en ti una sensación incómoda de preocupación. 

 

El versículo de hoy nos habla de cómo el pueblo de Israel debía seguir el arca del pacto al cruzar el Jordán hacia la tierra prometida. En su camino por el desierto, el pueblo había sido guiado por una columna de fuego durante la noche y por una nube durante el día. Dios nunca los había dejado y siempre les había marcado el camino. Ahora, el arca, representando la presencia de Dios, guiaría los pasos del pueblo hacia el destino marcado. El pueblo solamente debía fijar su mirada en el arca y mantener una distancia de ella de aproximadamente 1 kilómetro. 

 

Caminar por la ruta correcta en la vida no es difícil, somos nosotros quienes complicamos las cosas. Hay momentos en los que nos empeñamos en transitar por sendas que Dios nunca nos pidió, y entonces, nos encontramos de pronto tratando de salir de baches y de caminos, culpando a Dios de habernos metido ahí ¿puedes imaginarte cómo debe sentirse cuando tomamos esta actitud? 

 

La dirección para Israel era clara: mirar el arca y seguirla. Hoy en día no tenemos un arca física, pero sí tenemos al Espíritu Santo que es aquel que nos guía: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios». Rom. 8:14. El Espíritu es como un GPS, pero con la diferencia que jamás se equivoca. Él dirige nuestras vidas y nos ayuda a tomar las decisiones correctas. Ahora bien, no debo ver al Espíritu Santo como un amuleto que garantiza el éxito continuo en mi vida. El mayor éxito que podemos lograr es estar en el centro de la voluntad de Dios y caminar en obediencia a Él, aunque las cosas no salgan como esperamos. A veces no entenderemos las etapas que nos toca vivir, sentiremos que las circunstancias nos absorben, pero confía en Dios, mira el arca, no apartes de ella tu mirada. El Espíritu Santo abrirá camino y te guiará hacia la tierra prometida.


Oración: Querido Espíritu Santo, que seas tu guiando mis pasos en cada etapa de mi vida. Que mi vista no se aparte en ningún momento de tu presencia. Aunque pase por momentos de dificultad, mi mirada seguirá fija en ti. Amén.

 

Autor: Pr. Samuel Escobar

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