Oración y ayuno: Día 14. Una mirada privilegiada

Una mirada privilegiada

«Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra». Colosenses 3:1-2

 

Hace unos días pudimos contemplar un fenómeno y espectáculo del universo casi único. Me refiero al reciente eclipse de sol. Para poder observarlo era necesario tener en cuenta varias recomendaciones. Una de ellas era utilizar unas gafas con filtros especiales y una referencia específica que nos permitieran contemplar de manera segura este gran espectáculo durante unos minutos. Aunque desde nuestra casa podíamos contemplarlo, queríamos asegurarnos de poder disfrutar del fenómeno desde el principio hasta el final. Así que decidimos ir a un lugar más alto, en la montaña, donde pudiéramos observarlo mejor, rodeados de la naturaleza. Una vez comenzó, no podíamos dejar de dirigir nuestra mirada hacia tan hermoso panorama. Si queríamos disfrutar plenamente de aquel momento en el que la luna cubría el sol, era necesario mantener nuestra mirada atenta.

 

El apóstol Pablo, en su carta a los Colosenses, está hablando a aquellos que han creído y aceptado la obra de Cristo, su muerte y resurrección. Pablo hace un llamado a la iglesia de Colosas a poner a Cristo en el centro de sus vidas, a mantener la mirada y el interés puestos en Él y en las cosas de arriba, porque no hay nadie que pueda compararse o igualarse a Él. De esta manera, su forma de vivir debía ser un reflejo de la decisión de permanecer unidos a Cristo.

 

¿Qué significa esto para nosotros? Como hijos de Dios, necesitamos entender que, a través de la obra de la cruz, hemos recibido una nueva naturaleza y una nueva identidad en Cristo, pero también debemos vivir conforme a lo que hemos recibido. Por esta razón, debemos esforzarnos y ser intencionales en dirigir nuestra mirada y enfoque, en todo momento y circunstancia, hacia Jesús.

En este tiempo, si queremos buscar al Señor y contemplar a quien es el Sol de justicia, será necesario salir de nuestra zona de confort y de nuestra rutina; buscar un momento, el mejor lugar, y disponer nuestro corazón de la mejor manera para dirigir la mirada a Jesús, para contemplar y disfrutar de lo que Él quiera hacer en cada uno de nosotros y en su Iglesia. El llamado para nosotros es que nos esforcemos en parecernos cada día más a nuestro Maestro. Es así que debemos disponer intencionalmente nuestros corazones durante este tiempo, de manera que nuestro espíritu, alma y cuerpo estén enfocados en buscarle y conocerle más. Que Jesús sea verdaderamente el centro de nuestras vidas, dejando de lado lo efímero y todo aquello que nos impide crecer, que nos distrae o que obstaculiza nuestro avance en el Señor.

 

Así como para contemplar aquel eclipse fue necesario levantar nuestra mirada, mantenerla atenta y evitar las distracciones para no perder aquel momento, también en nuestra vida espiritual necesitamos aprender a mantener nuestra mirada puesta en Cristo, sin permitir distracciones que nos desvíen de recibir lo que el Señor nos quiere dar.

 

Oración: Señor, gracias porque eres mi Señor y porque nada ni nadie se compara a ti. Te pido que, en mi caminar contigo, pueda mantener mi mirada puesta en ti. Ayúdame, por medio de tu Espíritu Santo, a dejar a un lado todo aquello que sea un estorbo y que desvíe mi atención de ti. Que cada día pueda parecerme más a ti, conocerte más y permanecer cerca de tu presencia. Amén.

 

Autor: Angélica Quintero León.