Oración y ayuno: Día 15. No te preocupes por nada

No te preocupes por nada

«No os preocupéis por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» Filipenses 4:6-7.


Este mes es un tiempo oportuno para detener el ritmo acelerado de nuestras vidas, mirar hacia adentro y preguntarnos con honestidad: ¿qué cargas estamos intentando llevar con nuestras propias fuerzas? ¿Qué es aquello que nos roba la paz?


Servir a Dios me ha confrontado muchas veces con mi propia debilidad. En más de una ocasión, la incertidumbre sobre los recursos, las limitaciones materiales o la logística diaria han querido robarme el sueño y la paz. Sin darme cuenta, la preocupación comenzaba a ganar terreno, nublando una verdad fundamental: la misión no es nuestra, es de Dios. Cada persona, cada necesidad y cada desafío están en sus manos soberanas. Cuando olvidamos esto, el peso se vuelve insoportable; pero cuando lo recordamos, aprendemos por fin a descansar.


El mandato del apóstol Pablo es tajante: «No se preocupen por nada». En un mundo lleno de presiones, maldad, crisis e incertidumbre, suena casi imposible. ¿Cómo no preocuparse por nada? La respuesta no reside en el optimismo humano ni en la ausencia de problemas, sino en una paz sobrenatural que no depende de las circunstancias y sobrepasa todo lo que podamos comprender.


Esa paz no viene de la nada; se cultiva en el altar secreto. Es precisamente en el ayuno y la oración donde alineamos nuestro corazón con el cielo. Al acercarnos al Dios que formó el universo, y no solo eso, sino que nos ama con un amor eterno, la perspectiva cambia por completo:

• Los problemas que parecían gigantescos se vuelven pequeños ante su grandeza.

• Nuestra evidente incapacidad humana es abrazada por su poder ilimitado actuando en nosotros.

• El terreno de lo imposible se convierte en el escenario donde aguardamos con fe el milagro que ha de venir.


Pon tus cargas y preocupaciones delante de Dios con un corazón agradecido, confiando en que más grande es el que está con nosotros que el que está en el mundo. Tanto podemos descansar en Él, que ni un solo pelo de nuestra cabeza cae sin que Él lo sepa y lo permita.


Oración: Señor Todopoderoso, hoy rindo ante tus pies toda ansiedad y afán. Perdóname cuando he querido cargar sobre mis hombros lo que solo te pertenece a ti. En este tiempo de ayuno y oración, llena mi vida con tu paz sobrenatural, esa que sobrepasa todo entendimiento humano. Ayúdame a descansar en tu soberanía, recordando que mi vida es tuya y que tú nunca fallas. En el nombre de Jesús, amén.


Autor: Jordi Garnica