Dios es el autor de nuestra historia
«Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto» Génesis 45:8.
Seguramente en alguna ocasión en tu vida te has hecho la siguiente pregunta: «Señor, ¿por qué me está ocurriendo esta situación?». En nuestra vida cristiana, en ocasiones vamos a tener que afrontar situaciones adversas que vienen por sorpresa y que no somos capaces de entender, pero estas las utiliza el Señor para un fin determinado.
Un ejemplo bíblico muy claro es la vida de José, el hijo de Jacob. Su historia es narrada en los capítulos 37 al 50 de Génesis. Es difícil resumir en pocas líneas la fascinante vida de José, pero gracias a su labor salvó la vida de miles de personas de una gran hambruna. Era el hijo favorito de su padre, y esto generó en el corazón de sus hermanos una envidia y un rechazo muy grandes contra la vida de José, hasta el punto de planear su muerte. Finalmente, fue vendido como esclavo a unos comerciantes ismaelitas por veinte piezas de plata.
Aquí empezó la situación adversa de José. Dios tenía un plan para su vida tan grande que ni él mismo se lo esperaba. Fueron trece años en los que José tuvo que enfrentar diversas situaciones adversas, entre ellas ser vendido, juzgado injustamente y encerrado en la cárcel, hasta que llegó el día en que el faraón llamó a José a su corte para que le interpretara el sueño de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas. Así lo hizo, y el faraón lo puso como gobernador de todo Egipto y le encargó la tarea de recolectar todo el grano durante los siete años de prosperidad.
Estas palabras las dijo José a sus hermanos después de su reencuentro. Finalmente, José entendió que todo el proceso que tuvo que enfrentar a través de las diversas situaciones adversas tenía un propósito muy grande y que, gracias a la posición administrativa y de poder que alcanzó, así como a su excelente trabajo, fue posible la supervivencia de las doce tribus de Israel y, como consecuencia, el cumplimiento de la promesa dada por Dios a Abraham (Gn 12:2).
En el día de hoy, esta historia nos enseña que Dios es el autor de nuestra historia, que las situaciones que nos puedan sobrevenir tienen un propósito y que nuestro cometido es confiar en medio del caos y de la frustración, sin perder la fe ni la esperanza. Dios tiene el control de nuestra vida y de nuestra historia.
A pesar de que vivamos situaciones complicadas, que este mes de ayuno y oración podamos pedir a Dios que nos ayude a confiar plenamente en él y nos ayude a sobrellevar estas circunstancias, poniendo siempre nuestra mirada en él.
Oración: Amado Dios, gracias porque tú eres el autor de nuestra historia. Ayúdanos a confiar en ti aun cuando no entendamos las circunstancias que vivimos. Fortalece nuestra fe, guarda nuestro corazón y enséñanos a mantener siempre nuestra mirada puesta en ti. En el nombre de Jesús, amén.
Autor: David Güemes Cambril