Motivación correcta
«Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza». Daniel 9:3 (RVR 1960)
Seguramente muchos de nosotros hemos recibido alguna vez una llamada de alguien que, al ver la misma, nos sorprendía o extrañaba. Al contestar nosotros, la persona comenzaba diciéndonos algo así: «Hola, ¿qué tal estás? ¿Cómo va todo?». Digo que nos sorprendía o extrañaba porque, esa persona, normalmente es de las que nunca recibimos una llamada simplemente para saludarnos, hablar un ratito o interesarse por nosotros. Tras ese saludo y tal vez algo más de conversación superficial, rápidamente salimos de nuestra extrañeza cuando nos dice algo como lo siguiente: «¿Qué te iba a decir…?» o tal vez, «Te comento algo…» En ese momento, supimos que no era una llamada desinteresada, sino todo lo contrario, tenía un claro interés de su parte. Este es un ejemplo muy cotidiano que refleja nuestro actuar interesado en las relaciones con los demás. Y digo nuestro actuar porque, probablemente, también nosotros hallamos hecho esa llamada a otra persona.
Este versículo del libro de Daniel 9, resume algo muy interesante y que es ampliamente desarrollado en los capítulos 9 y 10 respecto a la intencionalidad o motivación del ayuno y la oración ante Dios. En primer lugar, el profeta muestra un total desinterés personal, frente a su interés por el conocimiento y la voluntad de Dios. En segundo lugar, centra su atención en su estado personal, humano, miserable, frente a la santidad de Dios. Y, en tercer lugar, fija su interés en su prójimo (su pueblo), desvalido y en sufrimiento, frente a la gracia y misericordia de Dios. Con esta actitud, la respuesta del Señor a su petición fue inmediata, vs. 23, como también lo fue en su otro ayuno y oración, en el capítulo 10:2,12, lo que nos demuestra el interés y la especial atención de Dios a quienes se humillan ante él y no buscan beneficio propio.
Orar y ayunar no debe ser “para que…», sino “porque…». Es decir, debemos hacerlo como un acto de sacrificio de adoración, alabanza y gratitud por lo que él ha determinado en su Palabra, a la vez que dejamos en el altar las peticiones de nuestro corazón con una actitud de reconocimiento y aceptación de su voluntad por encima de todo, aún de nuestros propios intereses.
Oración: Querido Jesús, ayúdanos a comprender la importancia de no tener un interés propio al acercarnos a ti en oración, sino que nuestra motivación sea tu voluntad y el beneficio de tu obra. Que este mes sea una oportunidad para aprender. Amén.
Autor: Pr. Damián Escobar