Oración y ayuno: Día 16. Señor, cuenta conmigo

Señor, cuenta conmigo

«Y voló hacia mí uno de los serafines, con un carbón encendido en la mano, tomado del altar con unas tenazas. Tocó con él mi boca y me dijo: -Al tocar esto tus labios, se ha quitado tu culpa y ha quedado limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: 

-¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?. Entonces respondí yo: 

-Aquí me tienes, envíame a mí». Isaías 6:6-8.


Hoy en día, el mundo busca a personas con títulos impresionantes, buena labia, fama o muchos seguidores en redes sociales para ponerlas al frente. Pero Dios no trabaja con los criterios humanos. El Señor no busca a los que ya se creen autosuficientes o capacitados; más bien, llama a personas comunes, las pasa por su altar y las prepara con el poder de su Espíritu Santo.


En Isaías 6 vemos al profeta en un momento de gran incertidumbre nacional tras la muerte del rey Uzías. En medio de esa crisis, Isaías entra al templo y tiene una experiencia transformadora: contempla al Señor sentado en su trono, alto y sublime, rodeado de ángeles que proclaman su santidad. Sin embargo, antes de que Dios le asigne una misión o le haga una invitación formal para servirle, primero lo hace pasar por un proceso profundo e indispensable en su corazón.


Al ver la majestuosidad y la pureza de Dios, Isaías no presumió de sus conocimientos, de su linaje ni de sus talentos. Al contrario, fue confrontado con su propia realidad y exclamó con dolor: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Porque siendo hombre inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey». La experiencia de Isaías nos enseña que una vida fructífera comienza rindiendo nuestras faltas y debilidades ante la presencia de Dios.


Pero el Señor no lo dejó sumido en la condenación ni en la frustración. Inmediatamente envió a un serafín con un carbón encendido tomado del altar para tocar su boca y purificarlo. Ese fuego del altar simboliza la obra viva, purificadora y transformadora del Espíritu Santo en nuestra vida interior. Por medio del Espíritu Santo, Dios obra en nuestra forma de hablar, renueva el corazón y fortalece nuestro carácter para que podamos dar un testimonio vivo de su amor.


Fue únicamente después de contemplar la santidad divina, confesar su necesidad y recibir la limpieza en el altar, cuando Isaías estuvo listo para oír la voz de Dios diciendo: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?». Un corazón quebrantado y renovado por el fuego de Dios es el único capaz de ponerse de pie y responder sin reservas: «¡Heme aquí, envíame a mí!».


Este mes de oración y ayuno no tiene como único fin presentar listas de peticiones personales; su propósito principal es acercarnos al altar de Dios para que el Espíritu Santo examine las intenciones más profundas de nuestro corazón.


Que este tiempo de búsqueda nos ayude a estar más cerca de Dios, de modo que cuando él ponga oportunidades para bendecir y servir, nuestro corazón esté listo para decir: «Señor, cuenta conmigo».


Oración: Amado Dios, vengo ante tu presencia con humildad, reconociendo tu santidad. Perdona mis errores y limpia todo lo malo que haya en mi manera de hablar, pensar o actuar. Te pido que en estos días de búsqueda tu Espíritu Santo examine mi corazón y me ayude a cambiar. Renuévame y enséñame a ser humilde. Pon en mí el deseo y la gracia para servirte, para que cuando me llames, pueda responderte con sinceridad: «Señor, heme aquí, envíame a mí». En el nombre de Jesús, amén.


Autor: María Eugenia (Geni) Salado Alcaide