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Mi mejor verano: Día 5. Aguas profundas

Aguas profundas

«Midió otros quinientos metros, pero la corriente se había convertido ya en un río que yo no podía cruzar. Había crecido tanto que sólo se podía cruzar a nado». Ezequiel 47:5

 

Qué bien sienta un buen chapuzón en pleno verano. Unos prefieren piscina, otros la playa, y otros el río. Para gustos no hay nada escrito y sea como sea, para combatir el calor, el agua es un gran aliado. Recuerdo que hace unos años, fui junto a mi esposa y mis hijos a un río en Valencia. La fuerza del agua del río es sorprendente, hay zonas en las que si te descuidas, muy probablemente termines arrastrado por la corriente. Precisamente eso fue lo que me pasó. En un momento de descuido, terminé entre dos rocas y no podía salir. Traté de salir de allí por todas mis fuerzas, pero no hubo manera. Finalmente, un familiar tuvo que venir a socorrerme. 

 

El pasaje de hoy nos muestra la visión de Ezequiel, donde pudo ver un río que salía del templo y descendía hasta el mar. Esta visión apuntaba no solamente hacía un tiempo escatológico, sino también a la obra del Espíritu Santo en el creyente. Desde el versículo 1 en adelante (léelo), observarás que hay una invitación a adentrarse en ese río. En el vs. 3, las aguas cubrían hasta los tobillos del profeta, en el vs.4, hasta las rodillas, y seguidamente hasta la cintura, y en el vs. 5, las aguas eran tan profundas que Ezequiel ya no podía hacer pie. 

 

Cuando llegas a la playa o al río, puedes ver también esto. Hay personas que tan solo desean refrescarse sus tobillos, pasan todo el tiempo en la orilla abrasados de calor mojando solamente sus pies, con eso ya están felices. Otros, sin embargo, se introducen un poco más y permiten que el agua llegue hasta sus rodillas y apurando, a la cintura. Por último, están aquellos que se sumergen y nadan hacia aguas profundas donde no hacen pie. 

 

En sentido espiritual, el Espíritu Santo desea que nos sumerjamos en aguas profundas. Pero, ¿qué quiere decir esto? Ser un cristiano de orilla es fácil; hay personas que no desean profundizar en su relación con Jesús, son conformistas, quieren tener el control de sus vidas y nunca ponen sus decisiones a los pies del Maestro. Sin embargo, Dios quiere llevarte a una profunda relación con Él, donde seas impulsado por la corriente de su Espíritu hacia cosas nuevas y mayores. En esta cultura existencialista, es complejo encajar lo que el Espíritu quiere hacer con nosotros. El sistema nos enseña que somos dueños de nosotros mismos y a hacer con nuestra vida lo que nos apetezca. Por eso, muchas veces nos cuesta encajar los planes de Dios en nosotros, porque nuestro concepto de libertad es errado. Tal y como nos lo enseña el sistema lo aplicamos a nuestra vida como creyentes y ¡problema! No encaja por ningún lado. 

 

Dios desea que te introduzcas por completo en el río de su Espíritu, y que dejes de mirar como otros se sumergen. Suelta el control de tu vida para que sea su Espíritu quién te guíe en todos tus pasos. Las aguas profundas están reservadas solamente para aquellos que se exponen a una dependencia absoluta de Dios. Nadar en aguas profundas es confiar en Dios a toda costa, es poner toda tu fe en Él y aprender a descansar. 


Oración: Amado Señor, quiero sumergirme por completo en el río de tu Espíritu, donde pueda ser renovado y transformado, arrastrado por la corriente de tu gloria e impulsado hacia lo que deseas hacer en y a través de mí. Ayúdame a profundizar en mi relación contigo. Amén.

 

Autor: Pr. Samuel Escobar

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