Oración y ayuno: Día 11. Rasgad vuestro corazón, no vuestras vestiduras

Rasgad vuestro corazón y no vuestra vestidura

«Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.» Joel 2:13


Hace aproximadamente dos años que en la empresa en la que trabajo se habla de una crisis muy fuerte, y se están tomando medidas supuestamente preventivas para paliar el impacto. Esto implica despidos y cargas de trabajo muy por encima de las capacidades; prácticamente ya hay una crisis interna, aunque a nivel económico la empresa presenta los mejores resultados de su historia. Esto genera un estado de desconfianza y preocupación en las personas. Pero, si miramos más allá de este círculo, en nuestra sociedad ya vivimos una fuerte crisis geopolítica, social y económica: guerras, terremotos, hambre, una sociedad cada vez más alejada de Dios y, por tanto, cada vez más necesitada de Él. Al mismo tiempo, hay crisis familiares, personales y sociales dentro del mismo pueblo de Dios.


Una situación semejante se vivió en los tiempos de Joel. Y aunque no se menciona una guerra, el pueblo atravesaba una profunda crisis provocada por una plaga de langostas. En medio de ese quebranto, Dios habló por medio del profeta y llamó al pueblo al ayuno, a la oración y a volver a Él de todo corazón. Joel 2:13 nos recuerda que el Señor no busca una respuesta externa o superficial, sino un arrepentimiento verdadero. Por eso, Mateo 3:8 añade: «Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento».


Rasgar nuestro corazón y no nuestras vestiduras va más allá de ser un buen cristiano que cumple con su deber. Implica una rendición completa a Dios, un continuo reconocimiento y agradecimiento por quien Él es, y por la manifestación de su amor, gracia y misericordia para con nosotros.


La tierra gime, la sociedad gime y el pueblo de Dios ha sido llamado a ponerse en la brecha. Si nos disponemos con humildad, Dios responderá a nuestro clamor como lo hizo con Israel en los tiempos de Joel. Él sigue siendo fiel a sus promesas, y Joel 2:19-32 nos recuerda que el Señor restaura, derrama su Espíritu y se hace presente en medio de su pueblo.


Ante la crisis y la incertidumbre que puedan venir a nuestra vida, ya sea a nivel personal o en nuestro entorno, no debemos permitir que el temor, la queja o la búsqueda de soluciones humanas ocupen el lugar que corresponde a Dios. Hay un llamado claro de volvernos a Dios de todo corazón, tanto a nivel individual como comunitario, mediante la oración sincera y una entrega que produzca cambios visibles. Examinemos hoy nuestro corazón delante de Dios y reconozcamos con sinceridad aquello que necesita ser rendido. Apartemos tiempo para orar y ayunar; pidámosle al Señor un arrepentimiento genuino y, a la vez, determinémonos a responder a su llamado con obediencia.


Oración: Amado Señor, gracias por tu amor, gracia y misericordia para conmigo; por el privilegio de ser tu siervo y estar en la brecha. Te pido perdón por vivir una vida superficial como hijo tuyo, y respondo a tu llamado de volverme a ti de todo corazón. Sé que eres fiel y que cumplirás lo prometido en mi vida y en el lugar en el cual me has puesto: tu iglesia. Recibiremos nuevas fuerzas, y estarás en medio de nosotros tal como has prometido. ¡Amén!


Autor: Iulian Oprea